Aquella cosa tan absurda llamada “ego masculino”
De pronto, y sin previo aviso, llega el día en que te levantas y las cosas entre vosotros han cambiado. Y siempre es para mal.
Los corderitos con los que pasabas tardes de risas, noches de discusiones interminables con una copa en la mano, cañas al sol en una terraza de La Latina se han convertido no ya en lobos (demasiado noble y astuto el animal) si no en T-Rex. Tus sábanas aún están calientes por el último fracaso amoroso que salió por la puerta cuando ellos abren sus fauces sobre ti, convertida en un Bambi tembloroso y desorientado. Lo que menos importa aquí son tus sentimientos, tu opinión o si te pone o no el individuo, querida, sino la cantidad de tiempo que lleva tocándose pensando en ti. Ni Napoleón está a su altura en ego o en estrategia.
Otro fascinante ejemplo de ego masculino es el “te enseño la patita y ahora eres tú la que me tienes que contemplar”. Directamente genial. Unos minutos de calentón legitiman el que, a partir de ahora, tengas tú que llamarles y esperar pacientemente que te haga un hueco en su agenda porque “¿Sabes? Somos amigos y no quiero hacerte daño”. Claro, a ver pensado eso antes de.
¿Qué haremos sin Marlon Brando?
Los hombres son la única especie que evoluciona pero hacia atrás; vamos, que desevoluciona hasta la escala protozooica.
No queda ni rastro de los hombres de verdad, de los John Wayne, de los de “un hombre tiene que hacer lo que un hombre tiene que hacer”. De los que salían a buscarse la vida, rifle en ristre. De los que se enrolaban en una goleta por un puñado de dólares. De los que se batían en duelo por el honor de una mujer.
Ahora, nuestros maravillosos ejemplares masculinos se dividen entre los que pregonan a los cuatro vientos que la amistad entre un hombre y una mujer no existe (verbigracia de su hombría, su testosterona y sus ganas de “meterla en caliente no importa dónde”) y los creen en la amistad entre sexos (o al menos, van del palo).
A estas alturas, la clasificación es prácticamente obligatoria:
- El amigo-amor platónico. Sois amigos pero en realidad a ti te gusta, así que le aguantas las chapas sobre las chicas que le gustan y/o sale con tal de estar a su lado. Nena, te estás haciendo muuuuuucho daño.
- El amigo de verdad: Es inteligente y divertido. Tiene un increíble buen gusto y una predilección por tus películas favoritas. A él puedes contar todo, sin omitir detalles. Le adoras. Y por supuesto, es gay. O para él no existes como mujer, lo cual viene a ser lo mismo
- El amigo extraño: no sabes por qué sois amigos, no coincidís en nada; en el fondo incluso te cae mal. No entiendes por qué sois amigos pero lo sois. Y para siempre.
- El amigo-hermano: en algún momento de vuestra adolescencia os disteis algún besito pero tampoco lo recuerdas con claridad. Lo cierto es que es tu mejor amigo y la atracción entre vosotros no existe. Tu familia le adora, te conoce mejor que nadie, serías la pareja perfecta… si no fuera porque os amáis como dos hermanos bien avenidos. Si dependiera de vosotros, la raza humana se extinguiría.
- El amigo que te tiene ganas: sois amigos pero en realidad a él le gustas. Incluso un par de veces te lo dijo y le rechazaste. En secreto, él está esperando el momento justo para avalanzarse sobre ti y arrancarte las bragas a mordiscos. Mientras tanto, puedes seguir contándole tus amores fallidos, tus citas desastrosas y tus sueños más íntimos.
- El amigo de palitroque. Reconócelo: no sois amigos, sólo fingís que lo sois. En vuestros encuentros, la tensión sexual es patente hasta para el camarero de turno que es la primera vez que os ve. Conversaciones rodeadas de una falsa afectación. Tú te atusas la melena. Él se arregla el cuello de la camisa. Vanos intentos de evitar lo inevitable… Y cada vez que lográis llegar a casa “intactos” después de pasar un par de horas marcando las distancias, sólo tenéis un pensamiento: “¿por qué quedamos?”. La cara de idiota no os la quita nadie pero volveréis a quedar hasta que ocurra. O hasta que os echéis una pareja formal.
- El perro del hortelano: que ni come berzas ni las deja comer. No le interesas pero hará lo posible para que no te enrolles con nadie si puede evitarlo. Sacará tus trapos sucios a las primeras de cambio y te pondrá en las situaciones más embarazosas que te puedas imaginar. Querrás asesinarle pero luego te pondrá ojitos de cordero degollado, te dirá que lo siente, te abrazará… y se te volverá a caer la baba… Hasta el próximo sábado por la noche, cuando vuelvas sola a tu casa, otra vez. ¡Ah! Pero él quedará a escondidas con chicas misteriosas y tendrá una vida amorosa que tú no podrás estropear…
- El fan del sexoamiguismo: un día te pilló de bajón e hizo lo propio con tus bragas. Aprovechándose de vuestra amistad y de la confianza que hay entre vosotros, no pensó en ti. Ni una pregunta, ni una llamada después. Con la excusa de que “somos amigos, sólo fue un arrebato”, se pasea delante de tus narices con su nueva conquista o con su ex recién reconquistada, confiando en que no le montes una escena. Sois amigos… Pues con amigos así, ¿quién quiere enemigos?
- El Marlon Brando: es la perfecta mezcla de todos los demás. Te ama, te odia, te desea y te detesta a partes iguales. Se casaría contigo pero se iría con cualquiera. No sabe qué hacer contigo. Y tú no sabes qué hacer con él. La opción más sensata sería alejarse pero… ¿Qué haremos sin Marlon Brando?
Las no-cualidades de los hombres valencianos
Querida amiga, acepta un consejo y huye a todo el gas que te permitan los tacones cuando oigas:
1.- Soy el presidente de mi Falla
2.- Trabajo en Gurú de Relaciones Públicas
3.- Tengo el pase de temporada del Valencia
4.- Pincho en Barraca
5.- Conozco al gemelo de Dinio
O cuando te piropeen de esta forma:
“Eres tan guapa que podrías ser…”
a. camarera de Gurú
b. presentadora de Canal 9
c. Fallera mayor
d. Go-gó en Pacha VLC
e. portada de Tendencias VLC
Demasiado tiempo perdido…
La verdad sobre los chupitos de tequila
Amigas, el tequila no se toma con sal y limón. Y si pensáis eso, cerrad ahora mismo esta página y suscribíos ya al Meetic o a algún engendro de site de similares características, sólo para pavas cuyo “perfect plan” de domingo por la tarde es un helado de chocolate tamaño gigante y una peli de Meg Ryan. O no, mejor quedaos, seguid leyendo y aprended de lo que va la vida ahí fuera.
El tequila se toma bien, con su jarrita de limón (antes) y su jarrita de sangrita (después). Y no, en Valencia dudo mucho que puedas encontrar la sangrita.
Así que vayamos al punto dos: ¿para qué sirven, realmente, los chupitos de tequila? Pues para llevarte al/la susodicho/a a la cama. Ni más ni menos. Y no estoy hablando de emborrachar a nadie. Eso se lo dejamos a las babosas de alcantarilla que merecen cada sábado que se han quedado en casa papeándose DEC.
El truco es simple y el mecanismo sencillo porque, si las cosas no son ni simples ni sencillas, ni funcionan ni valen la pena:
- Lametón en el cuello de nuestro objeto de deseo y se espolvorea un poco de sal.
- Raja de limón entre los dientes de nuestro objetivo.
- Sólo para los “pro”: chupito en el escote de la muchacha si nos vamos a camelar a una chica, en el cinturón si es un nene. Lamerlo del ombligo da 10 puntos más pero, si se deja, ¿Qué haces bebiendo chupitos en vez de andar en otros menesteres?
Eso sí, no se puede calentar para luego no comer. O atente a las consecuencias.
El Deportista de Diseño
Con motivo del Centenario Darwin, LaSolterona propone el estudio de la rama de la especie humana más cercana al mono: el hombre, así como su evolución en las últimas décadas, a medida que pierde el pelo y gana en estupidez.
Dícese del hombre a aquel tipo de humano que al nacer las personas de su alrededor dicen “qué mono…” y desde el momento que le empiezan a salir los pelitos en sus partes íntimas se van asimilando más al primate.
“Objetivo: Chicos. ¡Cómo observarlos y Clasificarlos según su Especie” de Kathryn Lamb es un libro que toda adolescente debería haber leído y cuyo mensaje es tan horrible o peor que el de “La Solterona”. Ahí un resúmen de una de sus clasificaciones.
El Deportista de Diseño
Cómo reconocerlo: Etiquetas de los mejores diseñadores de prendas deportivas.
Aspecto: Parece el maniquí de una tienda de artículos deportivos. Su ropa no está limpia, está inmaculada.
Comportamiento habitual: A pesar de su aspecto de atleta plusmarquista, se queda sin aliento cuando sube las escaleras.
Hecho poco conocido: Por lo general, no le gusta nada hacer deporte (no lo digas muy alto).
Se sabe también que la versión valenciana de este individuo suele también ir en plan “surfero” o el “quiero pasar por un ciclao”
